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  • Foto del escritorCris Orbe Arcos

Los altibajos de un deportista


La vida es un viaje lleno de altibajos, y a menudo esperamos ansiosamente el momento en que todo se vuelva perfecto y de color rosa.

Sin embargo, debemos aceptar que eso es vivir esperando algo que ningún ser humano podrá lograr. Al final del día, tanto la vida como las personas somos perfectamente imperfectos.


Imaginar un mundo sin problemas puede parecer atractivo a primera vista, pues es algo que el ser humano busca constantemente. Pero la ausencia de problemas no es más que quitar el impulso de cambios que necesitamos. Sin problemas, no habría esa motivación para mejorar y superar desafíos. Además, es en los bajos de la vida donde realmente crecemos. Es en esos momentos difíciles donde encontramos oportunidades de aprendizaje y desarrollo de habilidades. A través de los desafíos, descubrimos quiénes somos realmente y qué somos capaces de lograr.


Hablando de desafíos, existe una creencia común de que los deportistas son seres sobrehumanos, capaces de alcanzar la grandeza sin esfuerzo. Pero la realidad es muy diferente. Los deportistas también somos seres humanos con nuestras propias fortalezas, debilidades y desafíos personales. A menudo nos enfrentamos a una enorme presión y altas expectativas, tanto de nosotros mismos como de los demás. Luchamos contra lesiones, enfrentamos el dolor físico, atravesamos largas rehabilitaciones e incertidumbres. Además, debemos renunciar a muchas cosas en nuestras carreras deportivas, como tiempo con la familia, amigos y eventos sociales. Pero lo más difícil es lidiar con nuestra propia autocrítica y exigencia.


No hay duda de que cada derrota es una experiencia dolorosa y frustrante. Pero como bien dijo Michael Jordan: "He fallado una y otra vez en mi vida, y es por eso que tengo éxito".

Así como necesitamos respirar para vivir, también necesitamos experimentar altibajos para desarrollarnos como personas. Pero, ¿cómo podemos manejar el dolor emocional y la frustración que conlleva una derrota?


El 80% es trabajo duro, tanto mental como físico, el otro 10% es talento y el último 10% son las personas con las que te rodeas.


Una vez dicho eso, permíteme contarte una historia…



La situación anímica de las personas suele venir marcada por su mirada.


Me resulta difícil olvidar el primer retrato de aquella joven atleta, que, puntual, acudía a una cita programada por una tercera persona; parca en palabras y tímida en sus expresiones, parecía un personaje que acudía para ser ejecutada.


Aquella persona era Cristina Orbe, una de las deportistas jóvenes con más futuro en Sudamérica, y con múltiples exitosas participaciones en Competiciones del más alto nivel.


Su actitud sencilla y humilde no casaba para nada con una deportista situada en el séptimo lugar del mundo en su categoría (sub 21).


Acudía a mí con la idea de mejorar su capacidad de convivir, entender y superar los malos momentos de su vida como atleta. Y entonces reparé en su primera mirada: directa y concentrada, lo que de inmediato indicó una predisposición muy positiva al aprendizaje de sus propias emociones y a establecer unas vías de comunicación reflexivas y verdaderas, auténtico soporte del trabajo a realizar.


Aquella mirada directa y concentrada iba acompañada de un tercer estado: nerviosismo, lo que denota vivir “bajo presión”.


Cristina habló aquel día poco. “Mi deporte es muy técnico; el éxito y/o el fracaso depende de unos detalles mínimos. A veces fallo, en los entrenos, y tenga una cierta dificultad para entrar de nuevo en la dinámica correcta de trabajo para mejorar”.


Aquella joven deportista desconocía que había hablado como la gran tenista Serena Williams: “a un campeón no le definen sus victorias, sino cómo se recupera después de haber fallado”.


Y comenzamos a trabajar.


Muchos son los campos a trabajar en el deportista de élite.


Cada deporte (individual y/o de equipo), estructura de la competición o participación del público marcan la preparación. Aún así, hay una base común necesaria en la preparación mental del deportista. Veamos:


1/ Una correcta gestión de las influencias externas, educando a parcelarlas.


Esta contingencia a la que está expuesta el deportista es especialmente dañina, puesto que se sale del ámbito de la propia preparación. Un contratiempo de salud, no necesariamente en el propio deportista, sino en algún ser querido, una contrariedad económica o una decepción sentimental tienen la fuerza suficiente para echar por tierra todo el trabajo de muchos años. El deportista de élite es capaz de gestionar con más fortaleza una lesión física que, por ejemplo, una mala noticia relacionada con la salud de algún ser querido. El deportista sigue trabajando, eso seguro, con la misma constancia y empleando las mismas horas; pero la CABEZA ya no acompaña al esfuerzo que se realiza, porque está, de manera INCONSCIENTE, en otro lugar.


Aprender a parcelar tu cabeza para ubicar correctamente el “problema imprevisto”, convivir con él y buscar apoyos dentro de tí es ALGO QUE SE TRABAJA.


Conozco la realidad de uno de los mejores tenistas de la historia, actualmente en activo, que sufrió un bajón muy importante en su rendimiento, por estar VIVIENDO una separación de una pareja muy cercana. Y curiosamente, este formidable deportista se distingue por su enorme capacidad de superar situaciones muy adversas durante sus partidos.


Llevando este primer punto a Cristina, puedo asegurar que su cabeza tiene una altísima capacidad de PARCELAR sus problemas consiguiendo que afecten lo mínimo posible en su rendimiento deportivo.



2/ Gestión de un mal resultado en la competición.


En la preparación de un deportista de élite se produce una paradoja que vamos a analizar brevemente: supone la enorme desproporción de horas, atención y estudio dedicada a la planificación del trabajo que en un altísimo tanto por ciento se dedica a la búsqueda del triunfo, dejando un muy pequeño espacio a la gestión de un posible mal resultado.


Basta con mirar por ejemplo el pódium de una competición de alto nivel, en donde el/la medalla de oro muestra una enorme alegría, y los situados a los lados muestran en la mayoría de los casos una gran frustración. Y no les falta razón a estos “segundones”, puesto que de repente DESCUBREN una situación nueva para la que no estaban preparados.


Pero ¿cómo es que entonces podemos preparar a un deportista PARA OBTENER UN GRAN RESULTADO y a la vez aparejar una gestión de un fracaso?


Daremos varios consejos: desde el primer día de trabajo, inculcar al deportista que el único fracaso es dejar deesforzarse. Entrenamos para MEJORAR y la competición, sea cual sea el nivel, es una prueba para analizar y descubrir donde estamos. Obtener un gran resultado no significa haber conseguido todo; al igual que no haber conseguido el resultado esperado no equivale a no estar en el camino correcto.

En deporte AHORA NO ES SIEMPRE.


Otro consejo que puede y debe ayudarnos a manejar las emociones de nuestro deportista es transmitirle la idea de que la palabra ÉXITO no quiere decir FELICIDAD.


Si trabajamos con el único objetivo de que nuestro completo bienestar radica en un éxito puntual, estamos cometiendo un error de estrategia enorme. La felicidad es SABERSE poseedor de unas cualidades deportivas superiores al resto de las personas y sacarles un óptimo rendimiento a base de trabajo, constancia y el máximo esfuerzo. La FELICIDAD es sentir que UNO/A ha dado todo cada día para ser mejor… no para ser el mejor. Solo la preparación enfocada a mejorar consigue que algún día estemos ante EL/LA MEJOR.


En el caso que nos ocupa, Cristina Orbe, hemos gestionado esta “preparación” de sus emociones con bastante eficacia. Cristina no es una deportista fácil puesto que su nivel de exigencia, con ella misma y con su entorno, es muy elevado. Poco a poco está sintiendo al término de cada entreno una satisfacción enorme… casi tan placentera como si hubiera obtenido una medalla de oro. La enorme receptividad que tiene Cristina al trabajo mental está consiguiendo que cada entrenamiento sea UNA MEDALLA DE ORO.



3/ Finalmente la forma de vivir de un deportista marcará la existencia del mismo.


El mensaje transmitido al deportista de élite de que hay una existencia tras los años dedicados al deporte, es fundamental.


La preparación de la alta competición conlleva la explotación de valores tan importantes que resulta absurdo no llevarlos más allá. La vida está repleta de contratiempos que se presentan en la mayoría de las veces de forma sorpresiva e inesperada; y la pedagogía que se necesita para afrontar estas imprevistas vivencias es muy incompleta en el ciudadano de a pie.


El deportista que ha interiorizado la capacidad de sobreponerse a la adversidad sobrelleva los problemas con una preparación especial y superior.


Puede plantearse la persona que tiene a bien estar leyendo este artículo una duda: “como deportista de élite lo que busco es rendir el 100x100 el día de la competición; la vida que venga después ya la iré sorteando.” Y ante esta reflexión tan lógica como sensata, tenemos una respuesta cierta e inequívoca: el deportista de élite que ha interiorizado los valores del esfuerzo, constancia y capacidades que necesita para la GRAN COMPETICIÓN, llega mejor preparado a la competición cuando ha asimilado su trabajo incorporándolos a su vida futura… a su más allá.


Está comprobado que el deportista posee una fortaleza mental superior con esta educación deportiva.


Existen muchas estrategias enfocadas a labrar esta interiorización. El espacio del que dispongo en este caso no permite desarrollar este interesantísimo aspecto. Aún así, aconsejo a todos los deportistas se planteen preguntas que le surgen en el día a día. Quizá en una mirada a un hospital meditando que yo, como deportista de élite, tengo laseguridad que alguna enfermedad, quizá la irremediable vejez con las carencias quesoporta, estaré tumbado en alguna de sus camas. Ese día será el momento de descubrir que yo trabajé la fortaleza y mis capacidades no solo para competir bien, sino para vivir mi más allá con más solidez y resistencia.


En el caso de Cristina este punto se presenta muy interesante. Sus expectativas vitales y su más allá presenta unos retos muy superiores a los de una persona normal. La lógica discreción que nos une a Cristina y a mí, me obliga a silenciar estos temas. Sin embargo, les planteo, os planteo, un ejercicio de observación: analizar cada foto y cada reflexión que comparte en sus redes sociales. Podréis comprobar que su trabajo deportivo para conseguir una medalla de oro en las competiciones para las que se prepara va más allá.


El éxito en términos de resultados no siempre se traduce en felicidad duradera. Las presiones, los sacrificios y las expectativas asociadas con el deporte de alto rendimiento pueden influir en la percepción del éxito y la felicidad de manera compleja. Es importante que los deportistas encuentren un equilibrio saludable entre su dedicación al deporte y su bienestar emocional en general, reconociendo que la felicidad no se limita solo a los logros deportivos, sino que abarca otros aspectos de la vida.


Redactado por: Javier Casero y Cristina Orbe


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